6.2.11

Estos cuentos...

Decía San Agustín: ¿Qué es el tiempo?
Si no me preguntan qué es, lo sé.
Si me preguntan qué es, no lo sé.
Pienso lo mismo de la poesía.

JORGE LUIS BORGES

El primer título de este blog fue "Cuentos de amor, de género y de sexo". Me proponía reunir en este espacio algunos de mis cuentos que rondan el tema de una de las pasiones más movilizadoras: el amor, eros, deseo, la atracción a veces tan fuerte como aquel "imán de tus gracias atractivo" al que "sirve mi pecho de obediente acero". Así hablaba sobre el amor una mujer del siglo XVII, pero cada época, cada cultura,  tiene una forma de decirlo: el equivalente en tono demasiado sencillo hoy sería "a mí me pasan cosas con vos", frase común en las novelas que se pasan por tv y que prologan a menudo escenas donde dos amantes ‘hacen’ el amor (o casi); los mismos que en las películas del 40 se deslizarían en silencio hacia abajo, hasta caerse o escurrirse por la parte inferior de la pantalla, si no es el telón que se les cae encima. Distintas formas, distintos lenguajes.

Difícil hablar del tema ya que, parafraseando la cita borgeana del epígrafe y amparándome en la inmunidad de los autores citados diré yo también acerca del tema: '¿Qué es el amor? Si no me preguntan qué es, lo sé. Si me preguntan qué es, no lo sé'. Porque su aprendizaje lleva toda la vida. Es una de esas 'materias' de la que vamos dando exámenes parciales pero nunca el examen final.

El triple enunciado tiene que ver con que, al pensar en el tema, surge enseguida el vínculo entre el amor y el sexo, que se transmutó en género, y qué es el género sino un principio de clasificación, y sin clases no hay diferencias, sin diferencias no hay amor, puede haber amor sin sexo o sexo, deseo, sin amor, una cae en la cuenta de cuán nada sabe de nada y se me hace que eso le pasa también a algunos otros, por lo cual, lo mejor -y ahora citaré a otro grande: Umberto Eco-, lo raigalmente humano, es el relato. De ahí estos cuentos sobre algo tan presente, tan inaprensible, tan huidizo, tan profundo, también a veces tan violento, que no tiene un solo nombre para designarlo sino tres, siete, setenta...
Al decir violento también incluyo la posibilidad destructiva del amor y del deseo: Otelo mató por amor y Werther se mató por amor; se cuenta que el rey Rodrigo, loco de amor por la mora Florinda, dejó que se perdiera todo un reino -es decir, tierras, bienes, pero también el pueblo, los habitantes como nosotros, la cultura-, y no olvidemos los manejos de la Celestina, vieja sabia y divertida pero proxeneta, que medraba a costa de los enamorados aún al precio de la muerte. Los personajes que acabo de citar son figuras prototípicas de la literatura y del pasado, lo que nos permite contemplar desapasionadamente desde la platea cómo el amor y el deseo tmbién pueden conducir al asesinato, a la entrega de un país, a la trata de personas; no podríamos permanecer del mismo modo frente a hechos similares de la actualidad.

Quiero aclarar también que, dar primacía al relato no va en desmedro ni intenta sustituir  todo lo que saben quienes se abocaron a su conocimiento desde la ciencia o desde los estudios alternativos, o desde el punto de vista estético o también conductual, y tantos enfoques en los que una/uno puede encontrar importantes iluminaciones y crecer. Yo solo quise contar algunos hechos, algunas situaciones de  los seres humanos cuando nos sacuden los vientos del amor y del deseo. Contar los momentos que conducen a veces a ese poderoso centro de atracción y otras veces lo que sale arrojado del mismo, o ambas cosas a la vez. El meollo, el corazón, el lugar de lo sagrado, como lo dijo un poeta de mis preferencias, muchas veces permanecerá mudo, inefable, para que otros lo digan.
La Plata, 2011

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